Como cualquier procedimiento, el blanqueamiento dental requiere una evaluación del odontólogo para ayudar a decidir si el paciente es un candidato y cuál es el alcance que se podrá lograr con el trabajo.

Más específicamente, el odontólogo evaluará el estado de los dientes y las encías. En este proceso pueden ser necesarias algunas radiografías si el dentista sospecha algún daño dental, lo que podría descalificar la opción de blanquear los dientes hasta que se aborde el problema.

Si hay sospecha de alergias o si el paciente ha tenido condiciones específicas sobre su historial médico, pueden ser necesarias más pruebas.

Las encías deberán estar cubiertas para protegerlas del gel blanqueador, típicamente peróxido de hidrógeno, ya que pueden sufrir quemaduras si entran en contacto con el producto. El blanqueamiento se aplica directamente a los dientes. Dependiendo del nivel de la decoloración de las piezas y el resultado deseado, puede ser necesaria más de una sesión.

Después del procedimiento, el paciente no será capaz de ingerir algunas bebidas o alimentos específicos como la cola, refrescos, bebidas energéticas, cítricos, té negro, dulces azucarados y alcohol. Tampoco se podrá fumar porque esto puede arruinar el procedimiento.

Debido a que sus dientes son una parte importante de la cara, el blanqueamiento lleva a un largo camino para mejorar la auto-imagen y hacer que la persona se sienta más seguro al sonreír en público. Definitivamente, existen beneficios psicológicos logrados con el procedimiento.